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Porque elegimos el “ARTE"


La Ciudad de Buenos Aires principalmente, dispone de una oferta cultural y artística de excelencia, reconocida por los referentes más importantes del mundo. La Argentina ha sido históricamente un generador de contenido y hoy la producción artística se encuentra en su punto de máximo esplendor. Lo que se vive en la ciudad de Buenos Aires es maravilloso. Es realmente una revolución en todas sus expresiones culturales y por ese motivo queremos compartirlo con nuestros visitantes, para que puedan disfrutarlo de la mejor manera posible.

La oferta teatral es realmente sorprendente, llegan a haber más de 300 espectáculos en cartel por fin de semana. Lo mismo en exposición de artes plásticas donde se conjugan los museos tradicionales de Buenos Aires, con museos construídos en los últimos años como es el caso del MALBA con un contenido de primerísima calidad.

Nos especializamos en guiarlo por nuestro arte y nuestra movida cultural, primero porque nos enorgullece, y fundamentalmente porque amamos tener una mirada artística de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

Entendemos y abordamos al “Arte” como la manifestación de lo sensible, de lo que conmueve y emociona, de lo que nos transporta. Lo que nos hace trascender nuestras limitaciones como seres humanos. Es lo que nos permite adentrarnos en las cosas, en los hechos y en las vivencias desde otro punto de vista.

A los efectos de poner a su disposición algo de nuestra cultura artística, focalizaremos la atención sobre aquellas manifestaciones del arte – Literatura, Artes Plasticas, Danza, Teatro, Cine, Rock, Folklore etc… - correspondientes a la historia Argentina, haciéndolo desde una lectura de contexto temporal, llegando hasta nuestros días.


Apartados:


Literatura
Artes Plasticas
Danza
Teatro
Cine
Rock
Folklore

 
 

Literatura

La literatura Argentina tiene una larga historia desde los comienzos del siglo XIX cuando se entrelazaba una literatura hispanoamericana con exponentes locales como Vicente López y Planes, y Esteban de Luca. Luego aparecen los esbozos de la gauchesca con Bartolomé Hidalgo y Estanislao del Campo, un género nativo que alcanzará su máxima expresión con la obra El gaucho Martín Fierro, de José Hernández, representativo del sentimiento y el carácter nacionales y hacia mediados de siglo aparecen las historias costumbristas históricas de Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento, las cuales testimonian el sentimiento de la organización nacional.

Luego de ello, la generación de 1880 comienza a plantear una literatura mucho más propia, acentuando la coloración europeizada, pero aportando los rasgos personales de Buenos Aires. Se refleja el cambio de la gran aldea por la urbe cosmopolita. La poesía es lírica; el ensayo es un género reciente y la narrativa pendula entre lo social y el costumbrismo con Miguel Cané, Julián Martel y Francisco Sicardi.

De 1900 a 1940 La primera generación consolidada dentro de la literatura argentina es, sin duda, la de los MARTINFIERRISTAS (c. 1922). El movimiento aporta una doctrina intelectual en la que confluyen sendas corrientes representativas: la de Florida, adscripta al ultraísmo con Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal y Macedonio Fernández y la de Boedo, impresionada por el realismo ruso con Raúl González Tuñón, César Tiempo y Elías Catelnuovo. De todos ellos, sobrevive Ricardo E. Molinari, de estilo clásico, lírica y preciosista.

Al filo de esa década y comienzo de la siguiente, se insertan los NOVÍSIMOS, una promoción de poetas: Arturo Cambours Ocampo, Carlos Carlino y José Portogalo, narradores: Arturo Cerretani, Roberto Arlt, Luis María Albamonte y Luis Horacio Velázquez y dramaturgos: Roberto Valenti, Juan Oscar Ponferrada y Javier Villafañe. Este grupo postula la reflexión filosófica del hombre y la restauración de la escencia de la argentinidad.

La generación de 1940 se centra en la poesía, donde desarrolla lo descriptivo, lo nostálgico y lo memorioso. Los narradores se alinearon en el idealismo: María Granata, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar y Manuel Mujica Láinez y el realismo: Ernesto L. Castro, Ernesto Sábato y Abelardo Arias.

De 1960 a 1990 las influencias son heterogéneas: Sartre, Camus, Eluard; algunos españoles, como Celaya; y connacionales como Borges, Arlt, Cortázar y Marechal. Dos tendencias se advierten: el rastreo del tiempo metafísico y la historicidad: Horacio Salas, Alejandra Pizarnik y Ramón Plaza y las convulsiones urbanas y sociales: Abelardo Castillo, Marta Lynch y Manuel Puig.

Los años setenta son oscuros para la creación intelectual. El signo de la época es el exilio: Juan Gelman y Antonio Di Benedetto o la muerte: Roberto Santoro y Harolodo Conti. Algunos poetas: Agustín Tavitiány Antonio Aliberti, narradores: Osvaldo Sorianoy Fernando Sorrentino y ensayistas: Ricardo Herreray María Rosa Lojo sobresalen entre las vicisitudes y renuevan el campo de las ideas éticas y estéticas. Nuevamente son sus referentes Eluard, Eliot, Montale y Neruda.

La década de los noventa señala el reencuentro de los sobrevivientes de las distintas generaciones, en una coalición intelectual de revisión de valores y textos, frente a un final de siglo enigmático pero esperanzado

En la actualidad existe una próspera generación de artistas representantes de nuestra literatura donde por nombrar algunos, podríamos citar al mismísimo Roberto “Tito” Cossa, los jóvenes Federico Andahazi, Martín Caparrós, Alan Pauls, José Pablo Feinman y el popular y consagrado Roberto Fontana Rosa, entro muchos otros.

Artes Plasticas

Podríamos comenzar por el período prehispánico donde se destacan las culturas del noroeste, consideradas como las que alcanzaron el más alto grado de desarrollo antes de la llegada de los españoles.
Cerámicas decoradas con figuras geométricas, imágenes reales o fantásticas; vasos efigies que representan seres humanos o animales; urnas policromadas o grandes discos de metal decorados con figuras esquemáticas, conforman la producción de estas culturas que actualmente, se hallan dentro del patrimonio de la división de Arqueología del Museo de La Plata.

Luego de ello nos adentramos en el período colonial, donde el rasgo que caracteriza a las obras de este período es, "El predominio de lo religioso... y la funcionalidad que se otorgó al arte como instrumento persuasivo y transmisor de ideas". Numerosos artistas de origen español e italiano, llegaron a estas tierras y realizaron pinturas y esculturas religiosas y retratos de personajes de la Iglesia y de funcionarios civiles.

A partir de la Revolución de Mayo -y bajo el influjo de las corrientes de pensamiento tomadas de la Revolución Francesa-, la temática religiosa señalada en el período colonial fue menos abundante; esta vez, la actividad pictórica se desarrolló fundamentalmente en el retrato y las escenas de costumbres.

Un numeroso grupo de artistas extranjeros visitaron, residieron por algún tiempo o se establecieron en la Argentina; captando en sus obras los tipos y costumbres de la región: Emeric Essex Vidal (1791-1861), dejó acuarelas con textos que son un registro notable del pasado argentino; Carlos Enrique Pellegrini (1800-1875), se dedicó a la pintura, realizando numerosos retratos, escenas de costumbres y vistas de la ciudad; Adolfo D'Hastrel (1805-1875), reunió dibujos y acuarelas en el libro Colección de vistas y costumbres del Río de la Plata (1875); el litógrafo César Hipólito Bacle (1790-1838), imprimió en su establecimiento Litografía del Estado (1828-1838) Trajes y costumbres de la provincia de Buenos Aires.

Raimundo Monvoisin (1790-1870) y Mauricio Rugendas (1802-1858) se destacaron también entre los artistas extranjeros de la primera mitad del siglo XIX.

Cabe mencionar también a dos artistas argentinos: Carlos Morel (1813-1894), quien reunió sus escenas de costumbres litografiadas en Usos y costumbres del Río de la Plata (1844-1845), realizó retratos y registró costumbres de la época; por su parte Prilidiano Pueyrredón (1823-1873), arquitecto, ingeniero y urbanista, fue uno de los pintores argentinos más notables del siglo XIX; buscó perpetuar las tradiciones de nuestra tierra y las antiguas costumbres de la gran aldea.

La historiografía del arte argentino coincide en señalar a la década del '20 como el período en que se produjo la modernización del lenguaje plástico en Argentina. Diversos acontecimientos sostienen esta afirmación: Regresaron a Buenos Aires Emilio Petorutti, el Grupo de París y Alfredo Guttero.

Actuaron Xul Solar, los Artistas del Pueblo, el Grupo de la Boca y otras individualidades. Desde distintos ángulos formales e ideológicos -los artistas que regresaron al país conocían el lenguaje de las vanguardias europeas- , se cuestionó el gusto dominante y sus árbitros: los organismos oficiales. Se fundó Amigos del Arte, organismo que brindó espacio a las nuevas tendencias.

Alfredo Guttero fue la figura aglutinante de los jóvenes artistas y se organizó el Nuevo Salón. Para la misma época revistas como Prisma, Martín Fierro, Inicial, Plus Ultra, Claridad y Campana de Palo reflejaron la efervescencia del campo cultural. Convivieron en tensión durante el mismo período obras como las de Fader y Colivadino, portadoras de un lenguaje tradicional, con las de los jóvenes artistas en las que se puede rastrear, con mayor o menor éxito, la modernidad plástica.

De aquí en adelante es imposible, sin caer en omisiones injustas, establecer la lista de artistas y grupos que enriquecen la plástica argentina; todas las tendencias, todas las búsquedas se hallan presentes.

En 1944 se publica la revista Arturo, manifiesto a favor del arte concreto. En 1951 se crea la galería Bonino, cuya actuación se extendió incluso fuera del país. En 1948, se publica la revista Ver y Estimar dirigida por el crítico Jorge Romero Brest, quien en 1956 fue nombrado Director del Museo Nacional y más tarde, en 1963, Director del Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella, convirtiéndose, desde sus múltiples actividades, en impulsor del arte contemporáneo.

Danza

En 1867 se ofrecieron los primeros espectáculos coreográficos con ballets integrales. En el primer Teatro Colón debutó la Compañía Rousset, que llevó a escena grandes ballets románticos

En 1913 y 1917, hicieron su aparición los Balletes Russes de Diaghilev. Argentina conoció entonces la estética del ballet moderno de Michel Fokin, El fauno de Nijinsky y los primeros ballets de Massine, lo que se constituyó en una experiencia notable para la elite cultural de Argentina. La troupe de Anna Pavlova (1917, 18, 19 y 28)* e Isadora Duncan (1916) y otros artistas fueron conformando los elementos nacionales que en 1925 actuarían bajo las órdenes de Adolf Bolm en el primer espectáculo asumido por el Cuerpo de Baile del Teatro Colón: El Gallo de oro de Rimsky-Korsakov.

Durante sus primeros diez o quince años, el Cuerpo de Baile (la más antigua agrupación académica de Sudamérica), estuvo identificado con los artistas de Diaghilev: Nijinska, Romanov, Smirnova, Dubrovska, Wiltzac, Schollar, Fokin, Spessiva y Lifar (1934). Las primeras solistas argentinas fueron: Dora del Grande, Leticia de la Vega y Blanca Zirmaya; luego se sumarían María Ruanova (de brillante trayectoria internacional) y Lide Martinoli (formada en la Scala de Milán).

El Original Ballet se integró al Ballet del Colón en 1943, bajo la dirección de Basil. Varias de sus figuras se radicaron en América, como: Grigorieva, Irman, Verchinina, Leskova, etc. Argentina recibió el arte de Los Sakharoff, Los poetas de la danza portadores de una nueva estética, y de los Ballets Joos de Essen.

Durante la década del '50 se destacaron nuestros bailarines Ruanova, Ferri, Ferrari, Agoglia, Lommi, Truyol, Neglia, Adamowa, Borovska y Moreno, entre otros. Nos visitaron Alicia Markova y Alicia Alonso, esta última comienzó una actividad importante con Argentina que se extendería hasta su última aparición en 1987 con el Ballet N. de Cuba. En aquel entonces pasaron por el país, el Ballet del Marqués de Cuevas, el American Ballet Theater y agrupaciones del Ballet Soviético. El movimiento de la danza moderna tomó impulso con figuras como Schottelius, Fux, Ossona, Grinberg, Werberg y otros; junto a los notables Kreutberg y Dore Hoyer.

Desde la década del ´60 el Ballet del Colón comenzó a presentar las grandes producciones clásicas puestas por Carter, Nureyev, Prebil, Belfiore, Galizzi y Makarova, junto a La Silphide de Lacotte, Copelia de Martínez y los ballets de Prokofiev.

Hacia 1985, el triunfo de dos jóvenes figuras: Julio Bocca* y Maximiliano Guerra* (ganadores de Moscú y Varna) le daría al ballet una popularidad excepcional. Las trayectorias internacionales de ambos bailarines confirmaron el suceso local.

Por su parte, artistas como Candal, Bazilis, Delmagro, Caamaño, Quadri y Escobar* asumieron con notable relieve los espectáculos del Colón, que ya suman, junto a clásicos, románticos y obras maestras contemporáneas, creaciones de los coreógrafos argentinos: Araiz (director del Ballet Contemporáneo del T.M.G. San Martín), López, Lastra, Zartmann y Baldonedo, Cervera y Wainrot*, entre otros, manifestando la madurez de nuestros creadores y su proyección internacional.

En las últimas temporadas, el Colón ha dado un importante lugar al ballet d'action contemporáneo con producciones firmadas por Kenneth Mac Millan y John Cranko: Romeo y Julieta, La fierecilla domada y Onegin.

Teatro

En 1783 se creó en Buenos Aires la primer Casa de Comedias; el gestor de esta empresa fue el Virrey de las Luces, como se le llamaba al Virrey Vertiz. Luego se estrenó, Siripo de Manuel José de Lavarden, considerada la primera obra de un autor local.

Más tarde estuvo en cartel El hipócrita político, se trató de una comedia urbana, en la que se reflejaba el hogar porteño de la época. También en aquel teatro, se estrenó Túpac Amaru (o La revolución de Túpac Amaru), una tragedia escrita en verso, la cual registra la revolución indígena que se produjo en 1780 en Tungasuka, Perú.

Tiempo después, cuando Juan Manuel de Rosas se hallaba a la cabeza de un gobierno absolutista, apareció la petite pieza El gigante amapolas de Juan Bautista Alberdi; en esta ocasión Alberdi utiliza por primera vez elementos del absurdo y del grotesco en la dramática argentina.

Mientras esto ocurría, diversas compañías europeas visitaban el Río de la Plata en forma continuada.En 1884 apareció el drama gauchesco Juan Moreira en forma de pantomima en el circo.

Por ese entonces Buenos Aires recibía gran cantidad de inmigrantes que llegaban a estas tierras en busca de una vida mejor. Con ellos, y de parte de los españoles, vino el sainete, estilo teatral que dio origen al sainete criollo. Surgió en ese momento, un grupo de autores que se inscribieron en este estilo y que contaban la vida de los porteños en los conventillos, en las calles y en los cafés. Entre ellos podemos citar a Roberto L. Cayol, Carlos M. Pacheco, José González Castillo, Alberto Novión y Alberto Vacarezza.

A partir del comienzo del siglo XX la actividad teatral en Buenos Aires fue intensa. Diferentes compañías estrenaron numerosas obras inaugurándose de este modo la época de oro. Florencio Sánchez, Gregorio de Laferrere y Roberto J. Payró, dieron a la actividad una creatividad poco común.

Todos los estilos aparecen uno a uno, el sainete criollo, la gauchesca, la comedia de costumbre y alcanzaron su más alto lugar con Armando Discépolo. Fueron treinta años de numerosos autores y actores.

En 1930, al fundarse el Teatro del Pueblo, surgió el Teatro Independiente, movimiento de arte que trata de luchar contra el teatro comercial. Este movimiento se extendió por todo el país, se formaron muchísimos grupos que intentaron difundir el buen teatro.

Como parte de este proceso surgieron cantidad de autores nuevos que dieron un estilo inédito a la expresión dramática. Citaremos a algunos de ellos como ejemplo: Aurelio Ferreti, Carlos Gorostiza, Osvaldo Dragún, Andrés Lizarraga y Agustín Cuzzani.

Como consecuencia de este movimiento, aparecen, en la década del treinta, tres líneas separadas entre sí.

La primera, conocida como realismo social, se ve reflejada en Soledad para cuatro de Ricardo Halac, Nuestro fin de semana y Los días de Julián Bisbal de Roberto Cossa.

La segunda línea, bajo la influencia de las obras de Ionesco y Beckett, presenta exponentes como Eduardo Pavlosky y Griselda Gambaro, que juntos realizaron El desatino, y separados: ella Los siameses y él Espera trágica y El señor Galindez.

La tercera y última de estas divisiones viene del grotesco, sus personajes son tragicómicos.

La fiaca de Ricardo Talesnik (1967) y La valija de Julio Mauricio (1968) son dos ejemplos caracterísicos de este estilo.

En 1980, cuando el gobierno militar empezó a debilitar las presiones, autores como Carlos Gorostiza, Osvaldo Dragún, Roberto Cossa y Carlos Soamigliana, que a su vez contaron con el apoyo de otros autores y demás gente del teatro, crearon las funciones de Teatro Abierto.

El Teatro Abierto inició su actividad el 28 de Julio de 1981. Esta iniciativa tuvo continuidad y en el '82 se sumaron nuevos autores, directores y actores.

Es también notable la actividad teatral que se desarrolló en el interior del país, en ciudades como Córdoba, Tucumán, Santa Fe, Rosario, La Plata, Mendoza, Mar del Plata, etc. Por otra parte, surgieron en el último tiempo nuevos autores: Carlos Pais, Mauricio Kartun, Daniel Veronese, Enrique Morales, Eduardo Rouner y Roberto Perinelli, son sólo algunos de ellos.

Cabe mencionar a los vanguardistas jóvenes, asi llamados porque irrumpen con una nueva forma de abordar la composición teatral, y al mismo tiempo porque lograron contar con producciones provistas por paises europeos interesados en la dramaturgia argentina, entre los cuales podemos mencionar a Alejandro Tantanian, Daniel Veronese, Javier Daulte, Federico Leon y Rafael Spregelburd entre otros.

Asimismo, no se puede dejar de mencionar a los clásicos maestros de teatro que son el motor de una gran producción local con escenario en salas locales e internacionales como es el caso de Julio Chavez, sobresaliente actor, director y dramaturgo y los renombrados Agustín Alezo, Carlos Gandolfo, Luis Agustoni, Ricardo Bartis, y muchos otros.

En la actualidad el teatro es una actividad que se desarrolla normalmente. Durante los fines de semana hay, en Buenos Aires, alrededor de discientos espectáculos que se presentan en diferentes salas.

Cine

El cine llegó a la Argentina apenas después de su lanzamiento en París, al poco tiempo ya empezaron a rodarse las primeras producciones nacionales. Entre otros atractivos, hubo pioneros mundiales en cine científico y de animación. Pero la verdadera industria comenzó recién en 1933, con la afirmación del cine sonoro.

Los buenos tiempos, cuando las películas argentinas se veían en toda Iberoamérica, duraron hasta comienzos de los años '50. Luego, el paulatino cierre de los grandes estudios, el crecimiento de la televisión, el anquilosamiento del cine popular, y el aislamiento de un cine de autor, impusieron otras reglas de juego.

En 1897 comenzó la importación de cámaras francesas, y un francés residente en Argentina, Eugene Py, se convirtió en el primer realizador y camarógrafo con el corto La bandera argentina.

En 1898, filmando sus propias operaciones quirúrgicas, el doctor Alejandro Posadas inició el cine quirúrgico. En 1900 aparecieron las primeras salas específicamente dedicadas al cine, y los primeros noticieros.

Desde entonces, cabe señalar los ensayos de cine sonoro en 1907; el primer filme de ficción con actores profesionales, La revolución de mayo, en 1910; el primer largometraje, Amalia, en 1914; el primer gran éxito, Nobleza gaucha (costó 25.000 pesos y recaudó medio millón en seis meses, sin contar copias piratas) en 1915; el primer largometraje mundial de cine de animación, El apóstol, en 1917; y la primer mujer directora de Latinoamérica, también en 1917.

Entre melodramas, policiales, cintas cómicas y temas camperos; durante el período mudo, se hicieron más de 200 películas; destacándose los asuntos de clima tanguero de Agustín Ferreyra.

La verdadera industria surgió con el cine sonoro, en 1933. Casi al mismo tiempo nació Argentina Sono Film, con Tango (donde debutaron Libertad Lamarque, Tita Merello y Luis Sandrini); y Lumiton, con Los tres berretines

Pronto, éstas y otras empresas llegaron a producir, en estudios propios, unos treinta filmes anuales que exportaban a toda Latinoamérica; en especial los melodramas de Libertad Lamarque, las cómicas de Sandrini y, más tarde, también las de Niní Marshall.

En 1938 ya existían 29 galerías de filmación, aunque de equipamiento todavía precario.

El riguroso Mario Soffici, autor de Prisioneros de la tierra (según encuestas, el mejor filme del cine argentino) y otros dramas sociales y también algunas comedias; el poeta suburbano Leopoldo Torres Ríos autor de La vuelta al nido, Pelota de trapo y Aquello que amamos; el retórico pero efectivo Luis César Amadori realizador de Dios se lo pague y Almafuerte; y, el creador de comedias burguesas, Francisco Mugica en Así es la vida y Los martes, orquídeas. También los más refinados Daniel Tynaire, Luis Saslavsky, de Savalía y Borcosque.

Pronto se sumaron Carlos Hugo Christensen con sus dramas y comedias de carga erótica como Safo y El ángel desnudo, los directores de comedias Bayón Herrera y Schlieper, y el director de cine épico Lucas Demare con: La guerra gaucha y Su mejor alumno.
Luego de ello aparece la calidad del cantante, actor y realizador Hugo del Carril en Las aguas bajan turbias, La Quintrala y Más allá del olvido. En 1957 se crearon la Ley de Cine y el Instituto Nacional de Cinematografía (INC), que desde entonces decide créditos, difusiones, y políticas de fomento.
Con su respaldo inicial se afirmaron el polemista Leopoldo Torre Nilsson, que pronto alcanzó fama internacional autor de La casa del ángel y La mano en la trampa; la dupla Fernando Ayala - Héctor Olivera (El jefe, El candidato), creadores de el sello Aries y; tras ellos, los miembros de la llamada generación del '60, ajenos al sistema de estudio, ya demasiado caro y anquilosado.

Fruto de esos tiempos sería otro actor, cantante y director: Leonardo Favio, que debutó con un excelente drama, casi autobiográfico, Crónica de un niño solo. Hacia fines de los '60 interesó el cine underground de algunos directores de publicidad que experimentaban con el lenguaje, pero, sobre todo, interesó el ensayo político de Pino Solanas y Octavio Getino en La hora de los hornos, un trabajo provocativo e innovador, exhibido, forzosamente, en funciones clandestinas como desafío al gobierno militar de turno. Mucho cine de agitación se desarrolló por esos años.

Entre 1973 y 1975, con un gobierno democrático y una economía medianamente estable, el cine argentino alcanzó grandes éxitos de crítica y boletería, como el drama campero Juan Moreira (Favio), La Patagonia rebelde una historia de represión (Olivera), La tregua, un romance de oficina candidateado al Oscar (Sergio Renán) y La Raulito (Murúa).

Pero la censura y un nuevo gobierno militar, acabaron con esa primavera. El desquite vendría después, con Tiempo de revancha de Adolfo Aristarain, la comedia satírica Plata dulce de Ayala, y el documental La república perdida de Miguel Pérez.

En 1984 un gobierno radical acabó con la censura y un cineasta de los '60, Manuel Antin, puesto al frente del INC, propició el surgimiento de una nueva generación, que pasó a llamarse del Cine Argentino en Libertad y Democracia.

Así surgieron Camila de María Luisa Bemberg, (otro candidato al Oscar), La historia oficial de Luis Puenzo, ganador, finalmente, del Oscar, Hombre mirando al sudeste de Eliseo Subiela, Tangos. El Exilio de Gardel de Solanas, La deuda interna de Miguel Pereira y muchos otros filmes.

Pasado este resurgir, aparece la crisis de 1989 y luego de la década del 90, aparece la última crisis del 2001, que parece haber impulsado un cambio fuerte en la manera de abordar la realización por parte de sus directores. Por lo pronto no paran de surgir realizadores jóvenes con un reconocimiento local e internacional, con premios ganados en los festivales internacionales más importantes del mundo. En la actualidad puede decirse que nuevamente resurgió la producción local con realizadores como Damián Zifrón, Daniel Burman, Lucrecia Martel, Pablo Trapero, Adrian Caetano, y muchos otros.

El Cine Argentino, deja de ser lo que fue en otros tiempo “algo no visto mucho por el publico de su país”, para ser algo que la gente descubre y disfruta, sabiendo que su factura es de calidad y de una sensibilidad admirable y representativa.

Rock

El rock llegó a la Argentina en la década del 50; como reflejo de la explosión musical que se expandía por el mundo entero. Pero ese furor ágil, rebelde y descontraído, llegaría como una nueva música de moda.

Ya en los 60’ y con la incorporación del twist de la mano de Chubby Checker, el género ganó más adeptos entre cantantes y músicos locales. Con Los Beatles a la cabeza las escalas comenzaron a alterarse.

En la Argentina, programas televisivos como "Ritmo y Juventud" y "El Club Del Clan" proclamaba la llegada de la nueva ola musical. Palito Ortega, Jhony Tedesco, Jolly land, Violeta Rivas, Nicky Jones, Chico Novarro, Lalo Fransen y varios más asumieron la vanguardia juvenil del momento, pero el cambio no pasaría por ellos.

Un grupo no numeroso de jóvenes rebeldes e inquietantes asumió esa nueva filosofía de vida que a partir del rock se expandía por todo el mundo. Las pautas eran distintas, opuestas a todo lo establecido. Las premisas de los rockeros argentinos se basaba en conceptos éticos y estéticos opuestos a todo lo conocido.
Como reflejo de la Beatlemanía, los pelos largos comenzaron a aparecer y la imagen sufrió cambios notables. Pero el gran cambio no pasaba simplemente por el aspecto: en bares, plazas, pensiones y otros puntos de encuentro, el rock en castellano comenzaba a ser una realidad .

Allí estaban Javier Martinez, Miguel Abuelo, Tanguito, Pajarito Zaguri y otros que, sin ser músicos, también compartían la flamante filosofía. Primera Década (1967-1977) En 1965 llegaron a Buenos Aires Los Gatos Salvajes, un grupo rosarino que si bien ingreso en un circuito menos bohemio y más comercial, se sumó a la consigna casi utópico de cantar rock en castellano.

Los primeros en grabar fueron Los Beatniks,  y vendieron nada más que 200 copias. En 1967, Litto Nebbia y Los Gatos dieron la primera estocada: su simple debut, "La Balsa", "Ayer nomás", vendió nada menos que doscientas mil copias. El rock argentino tenía su primer éxito masivo, y entonces el movimiento cobró fuerza. Con la aparición de Manal y almendra junto con los Gatos el rock tenía su trilogía esencial, y aquellos tibios intentos de Los Beatniks, Los Abuelos de la Nada y otros comenzaban a dar sus frutos.
La década del ‘70 recibió rock como movimiento en pleno desarrollo. Ya no sólo estaba Almendra, Manal y Los Gatos. Nuevas bandas y solistas se sumaban al género, cada cual con sus propias ideas, sueños y convicciones: vox Dei, Arco Iris, Pedro y Pablo, La barra de Chocolate, Pappo’s Blues, La pesada del Rock and Roll y muchos más. En Belgrano surgió Almendra, con Spinetta a la cabeza. En Caballito de la unión de charly García y Nito Mestre se forma Sui Generis. Miguel Peralta, cantante folklórico, se asomó un día por La Cueva y aceptó como desafío y a modo de repudio cantar Vidala del angelito. Lo aplaudieron a rabiar. Muy pronto se haría llamar Miguel Abuelo. Miguel Abuelo junto con Los Abuelos de la Nada, logró un contrató con la CBS.
Color humano, pescado Rabioso, Aquelarre, Vox Dei, Arco Iris, Alma y Vida, Moris, Litto Nebbia, Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll, Pappo’s Blues y algunos pocos más, eran los nombres importantes del panorama, pero la aparición del rock acústico de la mano de León Gieco, Raúl Porchetto, Miguel y Eugenio y Sui Generis modificó las estructuras musicales y amplió el horizonte.
León Gieco, Raúl Porchetto y Sui Generis brindaron dos shows sorpresivos bajo el nombre de Porsuigieco. La violencia ya era pan de todos los días en Argentina, y se trasladó también al rock. Primero fue la muerte de José Alberto Iglesias, Tanguito, que su vida terminó bajo las ruedas de un tren en Palermo.
 
Ya en 1975, Sui Generis era el número indiscutido del rock argentino y su separación a fines de ese año congregó una verdadera multitud en el estadio Luna Park. El 24 de marzo de 1976, la presidenta Isabel Perón es derrocada por un golpe militar, y el nuevo gobierno ajustaría las clavijas, ya instaladas, en el rock que como movimiento joven, pasa automáticamente a ser considerado sospechoso.

Con la separación de Sui Generis tres nuevas agrupaciones surgieron y captaron la adhesión de un amplio sector de audiencia. Los Desconocidos de Siempre ( Nito Mestre ), La Máquina de Hacer Pájaros ( Charly Garcia) y Polífemo ( David Lebón ).
El rock seguía adelante pero el clima de represión y terror comenzó a hacer sentir. Muchos músicos eligieron exiliarse. Otros optaron por resistir. En la argentina de 1976, nadie podía sentirse seguro. El rock no era la excepción a la regla.
Serú Giran cambió las cosas, rescató la energía, el encanto de la canción, el fiel reflejo de una realidad agobiante, y la participación del público en los recitales. Muchos renombres engrosaron la lista de los reaparecidos: Manal, Moris, Espíritu, El Reloj, Pedro y Pablo. Estos últimos fueron fundamentales en la nueva tendencia que se impondría poco tiempo después : la canción contestataria.

Ya comenzaban a aparecer los nombres que marcarían los años ‘80. Se formaban bandas como dulces 16 y Virus, que comienzan a remar desde La Plata, lugar que albergaba a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Raúl porchetto alcanza un pico de popularidad con Metegol. La peor represión de la dictadura militar había pasado en 1981, y muchos músicos regresan al país, par júbilo de sus fans. Ellos fueron Litto Nebbia, Miguel Cantilo, Piero y Moris. No pocos se percataron del regreso de Miguel Abuelo, que primero conformó un trío y luego aumentó su banda hasta formar lo que serían los Abuelos de la Nada. Aparece Alejandro Lerner. En 1982 dos hechos marcaban la historia del rock en Argentina. Por un lado, la Guerra de las Malvinas provocó la inmediata censura de la música en inglés y entonces el rock argentino logró el espacio que reclamaba y merecía desde hacía ya muchos años. Juan Carlos Baglietto fue la sorpresa de 1982, abriéndoles las puertas a músicos del interior postergados hasta el momento por el pulpo porteño. El rosarino y su banda -en la que estaban Fito Paez, Silvina Garré y Rúben goldín - bajaron a Bs. As. El punto de intersección de ambas propuestas era hacer arte en libertad. El panorama se amplio cada vez más con el encubrimiento de nuevos nombres (Celeste Carballo, Fito Páez, Alejandro Lerner) que se sumaron a los grandes de la otra década (Charly Garcia, Luis A. Spinetta, Litto Nebbia, León Gieco, Raúl Porchetto, David Lebón, Miguel Cantilo).

En 1985, sale al aire la radio Rock & Pop. Es el primer intento de una radio que sólo se dedique al rock y resulta ser un boom de audiencia. Soda Stereo grababa su segundo disco Nada Personal, que iniciaba una escalada en el gusto popular. Por su lado los Fabulosos Cadillacs, un grupo multitudinario, desafinado y ruidoso proclamó la llega del Ská. En 1987 Soda y Sumo eran los grupos que más progreso evidenciaron. Sus discos Signos y Llegando los Monos, respectivamente, fueron muy vendidos. Soda.. comenzó a exportar su música y Sumo llegó a Obras. Charly y Aznar graban juntos Tango 4 y Spinetta grabó junto a Fito Páez La,la,la , quien ya había registrado Giros.
La tercera década del rock nacional no comenzó muy bien a nivel institucional. Cuando Alfonsín llegó al gobierno varios grupos rockeros fueron invitados a participar de recitales al aire libre en parques públicos. 1987 sería el año de cosecha de Soda, que provoca crisis histéricas en varios países latinoamericanos. Tras sus pasos estaban Los enanitos verdes. Quienes comenzarían a declinar serían los Zas, ya que pierden terreno en la Argentina. Uno de los primeros grupos de reggea fueron Los Pericos, que causan conmoción con el tema El ritual de la banana, que empuja hacia arriba a su álbum debut.
Sumo se dividió en dos grupos. Divididos y Las Pelotas. Andrés Calamáro se dedicó de lleno a su carrera de solista, sin mucho éxito. Los que comenzaron a llenar cualquier lugar donde tocasen eran Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Hilda Lizarazú formo la banda Man Ray. Rata Blanca comenzó a imponerse como una banda de " metal clásico ", tomando influencias de Deep Purple. Fabiana Cantilo mantenía su carrera de solista con algunos altibajos. 1988 terminó con otra muerte: Federico Moura, que tomó al publico de Virus con la guardia baja.

Andrés Calamáro en España, junto con Ariel Roth y otros conforman Los Rodriguez. Rata Blanca dio una gran sorpresa con sus millones de discos vendidos. Charly compone Filosofía barata y zapatos de goma en el que incluye su versión del himno Nacional Argentino.
La Portuaria grabó cuatro albumes, el último Huija. Diego Frenkel abandonó La Portuaria para grabar su albúm solista. Los años ‘90 fueron cambiantes para la escena del Rock nacional. Los grandes como Charly García, Spinetta, Fito Páez y Soda Stereo, mantuvieron intactos sus laureles.

Illya Kuriaki & The Valderrama pasó de ser el grupo del " hijo de Spinetta" a tener un peso por derecho propio: Chaco, su tercer disco, el que rindió cuentas de un crecimiento. Rata Blanca y Ataque 77 , padecieron de un éxito circunstancial, con Mujer Amante y Hacélo por mi, respectivamente.
Las Pelotas se autoabastecen sin necesidad de estar contando con una burocracia multinacional a la que abominan. Los Divididos alcanzó en su tercer disco La Era de la Boludez la masividad, éste es una radiografía de la mentalidad argentina de los ‘90.
El grupo Los Visitantes se hizo de la nada, su mezcla de rock y tango devolvió al rock urbano su mística porteña. En esa veta figuran Los Piojos, quienes vieron subir sus acciones en 1996 y Los Caballeros de la Quema. Por el lado de la Cultura Stone, La Renga pisó fuerte con el álbum "Desnudo para Siempre o Despedazado por Mil Partes" y luego se fue asentando con otros de menor éxito.

Viejas Locas se consolidó con "Me Gustas Mucho", hit durante 1999. El rock alternativo no pudo establecerse, salvo los Babasónicos que fueron los únicos en llegar a Obras. Los Brujos han sido los más constantes pero todavía no vieron fortuna. Juana la Loca es otro que viene asomando.

Folklore

La Argentina tiene dos símbolos (el tango y el gaucho) que, curiosamente, no reconocen vínculos mutuos. Porque el gaucho es más bien carne y uña con el cancionero criollo y el folklore, esa “otra” música argentina que describe e interpreta mucho del paisaje bucólico y de los particularismos y tradiciones de tierra adentro. Pero que sabe aun más de cosmovisiones, de modos de vivir y sentir el mundo. Cincuenta sitios sobre solistas y grupos folklóricos, letras, música, cuentos e historias.
Aunque en la actualidad prácticamente no existe la creación colectiva que era común en el pasado, se pueden encontrar en su lugar creadores individuales, que obviamente atribuyen algo de su personalidad a la obra. Pero de cualquier modo, no se puede obviar o ignorar el factor común que agrupa a varios de ellos, ya que cuestiones ineludibles, como la tradición del lugar donde viven, e incluso su geografía, llegan a imponerse en las producciones de los artistas de un modo más que notorio.

La música folklórica característica del Litoral es el chamamé y la chamarrita. También se baila el schotis y la galopa. El investigador Linares Cardozo logró rescatar del olvido el tanguito Monteliero, la chacarera estirada y la milonga. El Litoral comprende las provincias de Misiones, Chaco, Formosa, Corrientes y Entre Ríos y parte de Santa Fé.

En Misiones, que limita con tres países, se funde lo guaraní con algunos rasgos brasileros (provenientes de Río Grande, al sur de Brasil, que presentan sorprendentes analogías con las formas litorales y Bonaerenses de la Argentina). En este lugar se mezclan los resultados de varias influencias: la inmigración europea; que trajo el schotis, al que se le agregó la casi obligada deformación lugareña, convirtiéndose así en el ritmo más popular; se complementó con elementos provenientes de un país vecino como el Paraguay, que aportó la galopa, el baile que ocupaba el segundo lugar en las preferencias populares.

Resulta notable la influencia guaraní en Formosa y el Chaco, más aun en Corrientes, sobre todo en el lenguaje. Es allí rey y señor el chamamé, de gran difusión en toda la zona, como así también el rasguido doble y el valseado. En Entre Ríos es común la chamarrita, una réplica del sobre-paso del limítrofe Uruguay. En esta última provincia, investigadores como Linares Cardozo lograron rescatar del olvido tradicionales como el tanguito Monteliero, la chacarera estirada y la milonga también en versión entrerriana.

Todas estas variantes se expanden también por Santa Fé, especialmente el chamamé, que llega inclusive hasta Santiago del Estero, en donde tiene grandes cultores. Las músicas son melodiosas, a veces rítmicas y de carácter acentuado; las letras se caracterizan, en general, por un tono amoroso, paisajístico y, en algunos casos de carácter testimonial.
Tradicionalmente, la forma de expresión común es la de solista o dúo, aunque en los últimos tiempos aparecieron conjuntos de cuatro o cinco integrantes, que crearon modernas armonizaciones. El acordeón, en sus distintas versiones e inclusive a piano, el bandoneón, la guitarra y en algunos casos el arpa india, son los instrumentos musicales de preferencia. En todas sus formas, estos ritmos se bailan en pareja enlazada.

La música folklórica característica del Centro Noroeste es la chacarera, gato, escondido, zamba, jota y bailecito cordobés, chaya y vidalita riojana, baguala. El Centro Noroeste de Argentina comprende las provincias de Santiago del Estero, sur de Córdoba, La Rioja, Tucumán, Salta y Jujuy.

La zona centro - noroeste comienza en la mediterránea provincia de Santiago del Estero. Presenta ritmos tradicionales como la chacarera, el gato o el escondido, que son interpretados indistintamente por solistas, dúos o conjuntos que utilizan guitarras o el bombo legüero -un instrumento de percusión santiagueño. También existen variantes de ocasional difusión, como el remedio y la arunguita, todos bailables. En la zona de Salavina, debido a lo arraigada que está la lengua quichua, la expresión es bilingüe; allí, en las formaciones musicales, entra también el violín y la vidala; se canta preferentemente a dúo y no tienen coreografía.

El sur de la provincia de Córdoba está sumamente influenciado por la música cuyana; en la zona de Tulumba es característica la chacarera; en el resto de la provincia, la zamba, la jota cordobesa, el bailecito cordobés y el gato.

En La Rioja predominan la chaya y la vidalita riojana y en Tucumán la zamba, de gran difusión en todo el país, y cuyo baile es considerado como danza nacional.

En Salta se halla el epicentro de la zamba, aunque también es importante allí la baguala, que se canta a dúo y en contrapunto. Finalmente, en la provincia de Jujuy, la Puna se continúa con el altiplano boliviano, estableciéndose una corriente de indudable simpatía musical.

De esta última región debemos destacar el huayno, la cueca, el yaraví, el triste, el bailecito y el carnavalito; todas estas composiciones son interpretadas indistintamente por solistas, dúos o conjuntos. Se utilizan guitarras, bombos y los instrumentos eminentemente folklóricos como la caja, y los aerófonos como la quena, el pincullo, la anata y el erke. En la forma bailada son todas danzas de pareja suelta.

La música folklórica característica de la región cuyana es la tonada, gato y cueca. La región de Cuyana comprende las provincias las provincias de San Juan, Mendoza, San Luis, con influencia en el sur de Córdoba, Catamarca, La Rioja y el norte de La Pampa

La zona "cuyana" comprende las provincias de San Juan, Mendoza y San Luis, y su influencia se extiende sobre el sur de Córdoba, Catamarca, La Rioja y el norte de La Pampa. Además, se comunica musicalmente con Chile y los cantables más difundidos son la tonada, el gato (en esta región con dos giros en la danza), la cueca (también presenta una forma regional distinta a la norteña) y el vals. Todas estas composiciones son bailables, de pareja suelta, a excepción de la tonada, que es prácticamente la única especie lírica que no tiene coreografía. La modalidad es el canto a dúo y el instrumento fundamental es la guitarra, con la que el cuyano hace gala de una excepcional capacidad interpretativa. También tiene difusión el llamado requinto cuyano, una variedad de la guitarra, pero con más cuerdas. Se destacan los solistas, y los temas de las letras que acompañan la melodía son casi siempre de amor, aunque nunca faltan los históricos y los religiosos

La música folklórica característica de la Patagonia es el loncomeo, la cordillerana, el chorrillero y el kaani. La región patagónica comprende las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

La zona Patagónica abarca el extremo sur de nuestro territorio, desde el río Colorado. Comprende a las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

La proyección del canto representativo de la región se basa en lo rescatado de las comunidades aborígenes que habitaron o habitan ese territorio; esto se logró mediante trabajos de investigación recientes. Se destacan, entonces, el loncomeo, la cordillerana, el chorrillero y el kaani entre otros. Son interpretados por solistas, dúos o conjuntos y no tienen coreografías. A la guitarra se le suman instrumentos indígenas como el kultrún (de percusión) que es una especie de caja cónica que se percude con un palillo, (al estilo de la caja).

La música folklórica característica de la región Sureña o Bonaerense es la milonga, huella, cifra y estilo. La música Sureña o Bonaerense comprende las provincias de Buenos Aires, La Pampa, sur de Santa Fe y sur de Entre Ríos

La zona sureña o bonaerense abarca toda la provincia de Buenos Aires, La Pampa, sur de Santa Fé y sur de Entre Ríos. El canto es aquí introspectivo y sentencioso. El cantor, generalmente solista, se acompaña solamente de la guitarra. Las letras ponen de manifiesto la problemática social-rural, aunque también abundan los temas amorosos o picarescos, que se presentan en ritmo de milonga, huella, cifra, estilo y otros de menos difusión.

Aparece en esta región el canto improvisado o repentista, quienes lo interpetan son los llamados payadores, que solos o con un acompañante que hace las veces de contrapunto, entonan sus improvisaciones bajo los acordes de una milonga, cifra, triunfo o hasta un vals. Otro personaje característico de la zona es el recitador criollo, que expresa la temática social a través de la poesía criolla costumbrista. Todo esto pertenece al denominado "folklore rioplatense", ya que tiene la misma difusión en el Uruguay. Por otra parte, la región es muy rica en bailes, llegándose a contar más de cien tipos entre danzas tradicionales y originales, casi todas de pareja suelta.

En este último tiempo, los nuevos exponentes del folklore agregaron instrumentos musicales no convencionales como la flauta traversa, el saxofón, los órganos y teclados, y para la percusión, la batería; la novedad va siendo paulatinamente aceptada, salvo por los grupos tradicionalistas, que se resisten al cambio.

Entre los exponentes más importantes de estas representaciones artísticas no podemos dejar de nombrar en primer lugar a Atahualpa Yupanqui, artista reconocido a nivel internacional. La reconocida igualmente Mercedes Sosa (La negra Sosa), Sixto Palavecino, Jaime Dávalos, Eduardo Falú, Armando Tejada Gómez y tantos otros.

 
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